Durante años, El Salvador fue visto desde afuera como un país difícil para viajar e invertir. Hoy, el panorama se percibe distinto: los indicadores de violencia han bajado de forma drástica y, con ello, se han abierto oportunidades muy concretas para el país, desde el turismo hasta la construcción y los negocios locales.
Las cifras recientes muestran una transformación contundente. En 2015, la tasa de homicidios del país superaba los 100 por cada 100,000 habitantes; en 2023, los datos oficiales reportados y recogidos por medios internacionales apuntaron a una tasa cercana a 2.4 por cada 100,000, con 154 homicidios en todo el año (dato ampliamente citado en reportes como Reuters). Para 2024, reportes periodísticos internacionales (como AP) hablaron de 114 homicidios y una tasa aproximada de 1.9 por cada 100,000. Esta reducción, más allá de los debates políticos, se siente en lo cotidiano: más movilidad, más horarios extendidos, más vida nocturna y más actividad comercial.
Y no es solo una percepción interna. En abril de 2025, el Departamento de Estado de EE. UU. colocó a El Salvador en Nivel 1 (“Exercise Normal Precautions”), su calificación más favorable para viajeros. Ese tipo de señal importa mucho: para turistas, aerolíneas, aseguradoras, organizadores de eventos y también para inversionistas.
Con mejores condiciones de seguridad, el turismo se vuelve “más fácil”: más gente se anima a recorrer el país por carretera, a salir de noche, a visitar pueblos y a combinar playa, montaña y ciudad en un mismo viaje.
El Ministerio de Turismo (MITUR) informó que en 2024 El Salvador recibió 3.9 millones de visitantes internacionales, un +17% frente al año anterior. Eso se traduce en más ocupación hotelera, más restaurantes llenos, más tours, más transporte y más empleos indirectos.
Y lo más interesante es que este crecimiento no se limita a un solo punto del mapa:
El Departamento de La Libertad es un buen termómetro porque concentra zonas urbanas, turísticas y costeras. En los últimos años, se ha hablado de refuerzo institucional y presencia policial en áreas con alto flujo de visitantes, algo que suele notarse especialmente en:
Cuando estas rutas se vuelven más transitables y previsibles, cambia todo: aumentan las escapadas de fin de semana, crece el consumo local y se acelera la inversión privada (hoteles pequeños, restaurantes, cafeterías, comercios, operadores turísticos).
La seguridad no solo trae turistas: también reduce el riesgo percibido y facilita que proyectos se concreten. Y eso se nota en el sector construcción.
Un resumen ejecutivo del ICEX (España) sobre el mercado de construcción en El Salvador señala que la inversión en construcción alcanzó alrededor de US$1,820 millones en 2022 (con crecimiento interanual), y proyectaba cerca de US$1,937 millones para 2023. Además, medios económicos locales han descrito que la construcción fue un motor importante en 2023, aunque con una desaceleración en 2024 (algo normal en ciclos de inversión: cuando sube fuerte un año, suele estabilizarse al siguiente).
¿Dónde se siente esto en la práctica?
En pocas palabras: la seguridad ayuda a que el país se “construya” también en sentido literal.
Cuando baja la violencia y se normaliza la vida diaria, aparecen impactos que se multiplican:
El Salvador tiene una ventaja enorme: es pequeño en distancias, pero grande en variedad. Puedes estar en un volcán por la mañana, en un pueblo cafetero al mediodía y en la playa al atardecer. Cuando la seguridad mejora, esa “promesa” se vuelve más real: itinerarios más ambiciosos, más road trips, más exploración.
El avance en seguridad en El Salvador está generando un efecto dominó positivo: más turismo, más obras, más inversión, más empleo y más movimiento económico. Regiones como La Libertad lo muestran con claridad, pero el impacto se está sintiendo en distintas zonas del país. Para quien sigue de cerca a El Salvador —ya sea por negocios, viajes o interés cultural—, este es un momento en el que vale la pena mirar el mapa con nuevos ojos.
Si quieres, puedo adaptarte este artículo a tu estilo de blog (más cercano o más “periodístico”), y también armar una versión con subtítulos tipo guía por regiones (Occidente / Centro / Oriente / Costa) para que sea más escaneable.